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El estrés hídrico en Cundinamarca: una radiografía crítica basada en el Estudio Nacional del Agua 2022

El estrés hídrico en Cundinamarca: una radiografía crítica basada en el Estudio Nacional del Agua 2022

La gestión del agua en Colombia enfrenta retos monumentales que van más allá de la simple disponibilidad del recurso. En el departamento de Cundinamarca, esta realidad se manifiesta con una complejidad particular debido a la convergencia de una alta densidad poblacional, una intensa actividad industrial y una vocación agropecuaria persistente. El Estudio Nacional del Agua 2022, elaborado por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, proporciona el marco técnico y científico necesario para comprender el fenómeno del estrés hídrico en esta región, revelando que la abundancia natural no siempre garantiza la seguridad hídrica de sus habitantes.

Para entender el estrés hídrico en el territorio cundinamarqués, es fundamental analizar primero el índice de uso del agua, conocido como IUA. Este indicador califica la relación entre la demanda hídrica multisectorial y la oferta hídrica superficial disponible en un periodo determinado. Según los hallazgos del Estudio Nacional del Agua 2022, Cundinamarca se encuentra en una situación vulnerable, ya que gran parte de su territorio pertenece al área hidrográfica Magdalena-Cauca, la cual concentra el 54% de los departamentos del país y es la zona donde se ejerce la mayor presión por uso en Colombia. Bajo condiciones hidrológicas normales, el departamento ya presenta subzonas con niveles de presión significativos, pero es ante la ocurrencia de un año seco cuando la fragilidad del sistema se hace evidente.

El estrés hídrico se intensifica drásticamente cuando la oferta de agua disminuye por variabilidad climática. El Estudio Nacional del Agua 2022 señala que, en condiciones de año seco, el número de subzonas hidrográficas con un IUA en categorías crítica, muy alta o alta aumenta de forma considerable en la región andina. En Cundinamarca, municipios como Girardot y áreas aledañas a la Sabana de Bogotá muestran una baja capacidad para sostener los volúmenes de agua que demandan los usuarios frente a una oferta reducida. Esta situación no solo implica una competencia por el recurso entre sectores, sino que pone en riesgo la sostenibilidad de los ecosistemas, ya que el agua disponible se calcula restando el caudal ambiental necesario para el mantenimiento de la vida acuática.

La demanda hídrica en el departamento está impulsada por diversos sectores, siendo el agrícola uno de los más determinantes. El Estudio Nacional del Agua 2022 indica que la agricultura y la poscosecha representan un porcentaje mayoritario de la demanda total nacional, y en Cundinamarca esto se traduce en una necesidad constante de riego para cultivos permanentes y transitorios. Sin embargo, el sector doméstico también ejerce una presión notable debido a la concentración urbana. La subzona del río Bogotá, por ejemplo, destaca como una de las áreas con mayor uso de agua doméstica en el país debido a la presencia de la zona metropolitana de la capital y sus municipios circundantes. Esta alta demanda urbana, sumada a los requerimientos de la industria manufacturera concentrada en el corredor industrial del departamento, crea un escenario de estrés permanente donde cualquier fluctuación en la precipitación puede desencadenar crisis de abastecimiento.

Otro factor crítico que contribuye al estrés hídrico es el índice de agua no retornada a la cuenca, denominado IARC. Este indicador mide la huella hídrica azul, que es el volumen de agua extraído que no regresa al sistema hídrico original debido a la incorporación en productos, la evaporación o el trasvase. El Estudio Nacional del Agua 2022 revela que en el área hidrográfica Magdalena-Cauca, a la que pertenece Cundinamarca, el sector agrícola es responsable del 69% de la huella hídrica azul. Esto significa que una gran parte del agua extraída para riego se consume efectivamente y no queda disponible para otros usuarios aguas abajo, exacerbando la sensación de escasez y aumentando la tensión territorial en las subzonas más productivas.

El desabastecimiento hídrico municipal es la cara más visible del estrés hídrico para la población. El Estudio Nacional del Agua 2022 reporta que, históricamente, Cundinamarca es uno de los departamentos con mayor cantidad de municipios susceptibles a la falta de agua. Entre 1998 y 2021, una parte significativa de los municipios cundinamarqueses ha presentado al menos una afectación en la prestación del servicio de acueducto debido a temporadas secas. Paradójicamente, la temporada de lluvia también genera vulnerabilidad; eventos como inundaciones, crecientes súbitas o movimientos en masa dañan la infraestructura de captación y tratamiento, dejando a las comunidades sin servicio. En el periodo 2017-2021, Cundinamarca figuró entre los departamentos con más municipios afectados por estas contingencias climáticas extremas.

La calidad del agua es un componente inseparable del estrés hídrico, ya que el agua contaminada no es apta para la mayoría de los usos, reduciendo la oferta efectiva. El Estudio Nacional del Agua 2022 muestra que el río Bogotá, arteria vital del departamento, presenta condiciones de calidad catalogadas como malas o muy malas en gran parte de su recorrido debido a la alta carga de materia orgánica y sólidos vertidos. El índice de alteración potencial de la calidad del agua, IACAL, confirma que la presión por contaminación en la cuenca media del río Bogotá es muy alta, tanto en años promedio como en años secos. Cuando la calidad se degrada a estos niveles, los costos de tratamiento se elevan y la disponibilidad de agua segura disminuye, lo que constituye una forma técnica de estrés hídrico que afecta la competitividad y la salud pública de la región.

La dinámica de los sedimentos también desempeña un papel en esta problemática. La erosión hídrica potencial en las vertientes de los ramales de la cordillera de los Andes, que atraviesan Cundinamarca, es calificada como severa en muchas subzonas. El material arrastrado por la lluvia llega a los cauces, afectando la infraestructura de los acueductos y reduciendo la capacidad de almacenamiento de los embalses. El Estudio Nacional del Agua 2022 enfatiza que el mantenimiento preventivo de los escenarios hídricos es esencial para evitar que el sedimento agrave las situaciones de desabastecimiento durante las temporadas invernales.

Ante este panorama, el Estudio Nacional del Agua 2022 subraya la importancia de transitar hacia un modelo de gestión integral. El análisis integrado revela que la mayor parte de las subzonas hídricas con grados de criticidad muy altos se concentran en la cuenca Magdalena-Cauca, donde se ubica Cundinamarca. Esto exige una articulación robusta entre las autoridades ambientales, como la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca, y los entes territoriales para implementar programas de monitoreo sistemático que permitan anticipar crisis. La construcción de modelos hidrogeológicos conceptuales para el aprovechamiento de aguas subterráneas surge como una alternativa viable para mitigar el estrés hídrico en épocas de sequía, especialmente en municipios con alta susceptibilidad.

En consecuencia, el estrés hídrico en Cundinamarca es un fenómeno polifacético impulsado por la alta demanda, la variabilidad climática y la degradación de la calidad del recurso. Los datos del Estudio Nacional del Agua 2022 son una señal de alerta clara: la gestión del agua no puede limitarse a la construcción de infraestructura, sino que debe enfocarse en la protección de las fuentes, la eficiencia en el uso sectorial y la resiliencia ante eventos extremos. Solo a través de un ordenamiento territorial que reconozca el ciclo del agua como eje central, el departamento podrá garantizar la seguridad hídrica necesaria para el bienestar de su población y la sostenibilidad de su desarrollo económico.

La gestión del agua en Colombia enfrenta retos monumentales que van más allá de la simple disponibilidad del recurso. En el departamento de Cundinamarca, esta realidad se manifiesta con una complejidad particular debido a la convergencia de una alta densidad poblacional, una intensa actividad industrial y una vocación agropecuaria persistente. El Estudio Nacional del Agua 2022, elaborado por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, proporciona el marco técnico y científico necesario para comprender el fenómeno del estrés hídrico en esta región, revelando que la abundancia natural no siempre garantiza la seguridad hídrica de sus habitantes.

Para entender el estrés hídrico en el territorio cundinamarqués, es fundamental analizar primero el índice de uso del agua, conocido como IUA. Este indicador califica la relación entre la demanda hídrica multisectorial y la oferta hídrica superficial disponible en un periodo determinado. Según los hallazgos del Estudio Nacional del Agua 2022, Cundinamarca se encuentra en una situación vulnerable, ya que gran parte de su territorio pertenece al área hidrográfica Magdalena-Cauca, la cual concentra el 54% de los departamentos del país y es la zona donde se ejerce la mayor presión por uso en Colombia. Bajo condiciones hidrológicas normales, el departamento ya presenta subzonas con niveles de presión significativos, pero es ante la ocurrencia de un año seco cuando la fragilidad del sistema se hace evidente.

El estrés hídrico se intensifica drásticamente cuando la oferta de agua disminuye por variabilidad climática. El Estudio Nacional del Agua 2022 señala que, en condiciones de año seco, el número de subzonas hidrográficas con un IUA en categorías crítica, muy alta o alta aumenta de forma considerable en la región andina. En Cundinamarca, municipios como Girardot y áreas aledañas a la Sabana de Bogotá muestran una baja capacidad para sostener los volúmenes de agua que demandan los usuarios frente a una oferta reducida. Esta situación no solo implica una competencia por el recurso entre sectores, sino que pone en riesgo la sostenibilidad de los ecosistemas, ya que el agua disponible se calcula restando el caudal ambiental necesario para el mantenimiento de la vida acuática.

La demanda hídrica en el departamento está impulsada por diversos sectores, siendo el agrícola uno de los más determinantes. El Estudio Nacional del Agua 2022 indica que la agricultura y la poscosecha representan un porcentaje mayoritario de la demanda total nacional, y en Cundinamarca esto se traduce en una necesidad constante de riego para cultivos permanentes y transitorios. Sin embargo, el sector doméstico también ejerce una presión notable debido a la concentración urbana. La subzona del río Bogotá, por ejemplo, destaca como una de las áreas con mayor uso de agua doméstica en el país debido a la presencia de la zona metropolitana de la capital y sus municipios circundantes. Esta alta demanda urbana, sumada a los requerimientos de la industria manufacturera concentrada en el corredor industrial del departamento, crea un escenario de estrés permanente donde cualquier fluctuación en la precipitación puede desencadenar crisis de abastecimiento.

Otro factor crítico que contribuye al estrés hídrico es el índice de agua no retornada a la cuenca, denominado IARC. Este indicador mide la huella hídrica azul, que es el volumen de agua extraído que no regresa al sistema hídrico original debido a la incorporación en productos, la evaporación o el trasvase. El Estudio Nacional del Agua 2022 revela que en el área hidrográfica Magdalena-Cauca, a la que pertenece Cundinamarca, el sector agrícola es responsable del 69% de la huella hídrica azul. Esto significa que una gran parte del agua extraída para riego se consume efectivamente y no queda disponible para otros usuarios aguas abajo, exacerbando la sensación de escasez y aumentando la tensión territorial en las subzonas más productivas.

El desabastecimiento hídrico municipal es la cara más visible del estrés hídrico para la población. El Estudio Nacional del Agua 2022 reporta que, históricamente, Cundinamarca es uno de los departamentos con mayor cantidad de municipios susceptibles a la falta de agua. Entre 1998 y 2021, una parte significativa de los municipios cundinamarqueses ha presentado al menos una afectación en la prestación del servicio de acueducto debido a temporadas secas. Paradójicamente, la temporada de lluvia también genera vulnerabilidad; eventos como inundaciones, crecientes súbitas o movimientos en masa dañan la infraestructura de captación y tratamiento, dejando a las comunidades sin servicio. En el periodo 2017-2021, Cundinamarca figuró entre los departamentos con más municipios afectados por estas contingencias climáticas extremas.

La calidad del agua es un componente inseparable del estrés hídrico, ya que el agua contaminada no es apta para la mayoría de los usos, reduciendo la oferta efectiva. El Estudio Nacional del Agua 2022 muestra que el río Bogotá, arteria vital del departamento, presenta condiciones de calidad catalogadas como malas o muy malas en gran parte de su recorrido debido a la alta carga de materia orgánica y sólidos vertidos. El índice de alteración potencial de la calidad del agua, IACAL, confirma que la presión por contaminación en la cuenca media del río Bogotá es muy alta, tanto en años promedio como en años secos. Cuando la calidad se degrada a estos niveles, los costos de tratamiento se elevan y la disponibilidad de agua segura disminuye, lo que constituye una forma técnica de estrés hídrico que afecta la competitividad y la salud pública de la región.

La dinámica de los sedimentos también desempeña un papel en esta problemática. La erosión hídrica potencial en las vertientes de los ramales de la cordillera de los Andes, que atraviesan Cundinamarca, es calificada como severa en muchas subzonas. El material arrastrado por la lluvia llega a los cauces, afectando la infraestructura de los acueductos y reduciendo la capacidad de almacenamiento de los embalses. El Estudio Nacional del Agua 2022 enfatiza que el mantenimiento preventivo de los escenarios hídricos es esencial para evitar que el sedimento agrave las situaciones de desabastecimiento durante las temporadas invernales.

Ante este panorama, el Estudio Nacional del Agua 2022 subraya la importancia de transitar hacia un modelo de gestión integral. El análisis integrado revela que la mayor parte de las subzonas hídricas con grados de criticidad muy altos se concentran en la cuenca Magdalena-Cauca, donde se ubica Cundinamarca. Esto exige una articulación robusta entre las autoridades ambientales, como la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca, y los entes territoriales para implementar programas de monitoreo sistemático que permitan anticipar crisis. La construcción de modelos hidrogeológicos conceptuales para el aprovechamiento de aguas subterráneas surge como una alternativa viable para mitigar el estrés hídrico en épocas de sequía, especialmente en municipios con alta susceptibilidad.

En consecuencia, el estrés hídrico en Cundinamarca es un fenómeno polifacético impulsado por la alta demanda, la variabilidad climática y la degradación de la calidad del recurso. Los datos del Estudio Nacional del Agua 2022 son una señal de alerta clara: la gestión del agua no puede limitarse a la construcción de infraestructura, sino que debe enfocarse en la protección de las fuentes, la eficiencia en el uso sectorial y la resiliencia ante eventos extremos. Solo a través de un ordenamiento territorial que reconozca el ciclo del agua como eje central, el departamento podrá garantizar la seguridad hídrica necesaria para el bienestar de su población y la sostenibilidad de su desarrollo económico.

Fuente consultada:

Estudio Nacional del Agua 2022 | Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales – IDEAM.

Fuente consultada:

Estudio Nacional del Agua 2022 | Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales – IDEAM.